La confrontación legal entre Apple y OpenAI, que comenzó como una demanda por presunto robo de secretos comerciales, ha evolucionado hacia un pulso público con implicaciones significativas. Apple ha solicitado a un tribunal de California una orden cautelar para restringir el acceso de OpenAI y dos de sus antiguos empleados a información confidencial, además de pedir celeridad en la presentación de pruebas.

La respuesta de OpenAI ha trascendido el ámbito judicial, publicando un comunicado que incluye capturas de mensajes y correos electrónicos, argumentando que contradicen la versión de Apple. Recientemente, Apple ha elevado a once el número de ex empleados adicionales que podrían estar involucrados en la supuesta filtración de información, sumándose a los dos ya demandados. Entre los ejemplos citados, se menciona a un ex trabajador que, según la moción, realizó capturas de pantalla de documentos confidenciales sobre un producto no anunciado antes de una entrevista de trabajo en OpenAI.

El origen de la ruptura estratégica

El trasfondo económico de este caso es crucial para comprender su magnitud. En 2024, Apple y OpenAI anunciaron una alianza para integrar ChatGPT en el ecosistema de dispositivos como el iPhone, iPad y Mac. Sin embargo, esta relación se enfrió cuando Apple decidió basar la nueva versión de Siri en el modelo Gemini de Google, en lugar de la tecnología de OpenAI. Esta decisión coincidió con la creciente ambición de OpenAI por desarrollar su propio hardware de inteligencia artificial.

Esta ambición se materializó en io Products, una startup fundada por Tang Tan, ex empleado de Apple durante 24 años y actual responsable de hardware en OpenAI, junto al ex director de diseño de Apple, Jony Ive. OpenAI adquirió io Products por 6.400 millones de dólares en 2025. Es relevante señalar que Ive no figura entre los demandados.

La demanda inicial de Apple, presentada el 10 de julio ante el Tribunal de Distrito de California, acusaba a OpenAI, io Products, Tan y al ex ingeniero Chang Liu de un "patrón de robo" de información confidencial. Esta información incluía detalles sobre productos de hardware no anunciados, procesos de fabricación, diseño de productos y relaciones con proveedores.

Estrategias de defensa y acusación

OpenAI ha adoptado una estrategia de transparencia pública inusual en este tipo de litigios. En un comunicado, publicó capturas de conversaciones de iMessage que, según la compañía, demuestran que fueron empleados de Apple quienes contactaron a Liu después de su salida para solicitar ayuda con documentos, y no al revés. También divulgó correos electrónicos entre los equipos legales de ambas compañías, afirmando que Apple nunca planteó formalmente las acusaciones específicas de la demanda antes de presentarla, a pesar de haber mantenido contacto con OpenAI meses antes.

Apple, por su parte, sostiene que su demanda busca proteger años de inversión en investigación e innovación, y no limitar la movilidad de sus empleados. La compañía advierte que sufrirá un "daño irreparable" si el juez no aprueba las medidas cautelares solicitadas.

Impacto en el sector tecnológico

Más allá del desenlace judicial, este caso ya tiene consecuencias tangibles para ambas compañías. Para OpenAI, el litigio ocurre en un momento en que la empresa busca acelerar el desarrollo de su primer dispositivo de hardware propio, un calendario que un proceso legal prolongado podría retrasar significativamente.

Para Apple, la disputa expone sus propios procedimientos internos de gestión de accesos y salida de empleados, un punto que OpenAI ha utilizado en su respuesta pública. El resultado de este litigio, que se anticipa largo, podría establecer un precedente sobre la regulación del fichaje de talento entre competidores directos en el creciente mercado del hardware de inteligencia artificial, un sector donde grandes tecnológicas y startups compiten por los mismos perfiles técnicos especializados.