En los últimos meses, el panorama de las amenazas digitales ha experimentado un giro notable. Los hackers han descubierto un nuevo aliado en DeepSeek, una inteligencia artificial de origen chino que se ha consolidado como la herramienta favorita para la comisión de ciberdelitos.
Según un informe de la empresa de investigación taiwanesa TeamT5, los grupos de hackers chinos han duplicado el volumen de sus ciberataques desde que comenzaron a delegar tareas rutinarias en DeepSeek. Este dato subraya cómo las herramientas de IA accesibles y de código abierto pueden amplificar significativamente las capacidades de los ciberdelincuentes.
Mientras los servicios de inteligencia occidentales se preocupan por la posibilidad de que modelos avanzados como los de OpenAI o Anthropic puedan hackear sistemas de forma autónoma, la realidad nos muestra un escenario diferente: los ciberdelincuentes optan por tecnologías menos restrictivas y más económicas para automatizar las fases preparatorias de sus ataques.
La clave del éxito de DeepSeek: la ausencia de filtros éticos
El principal motivo por el que los ciberdelincuentes prefieren DeepSeek frente a alternativas occidentales como GPT o Claude radica en la ausencia de filtros éticos estrictos. Esta IA apenas presenta medidas de control, lo que la convierte en un atractivo sistema 'sin frenos' de seguridad para actividades ilícitas.
Aunque existen otros modelos chinos más potentes, como Kimi K3 de Moonshot, los hackers también valoran el bajo coste de ejecución de DeepSeek. Charles Li, analista jefe de TeamT5, lo explica claramente:
“DeepSeek es la IA elegida por los hackers chinos porque es relativamente potente y tiene muy pocas barreras de ciberseguridad”.
Li también señala que, si bien los modelos occidentales son muy buscados, sus restricciones son más estrictas y requieren un esfuerzo considerable para eludirlas.
DeepSeek en acción: un asistente para la ciberdelincuencia
En la práctica, DeepSeek actúa como un asistente en las ofensivas cibernéticas, aunque no de forma autónoma. Su integración se observa en diversas fases de un ataque, desde el reconocimiento inicial de la víctima hasta la generación de código para explotar vulnerabilidades de seguridad.
- El grupo Grimfengxi, por ejemplo, ha utilizado DeepSeek para crear códigos de explotación.
- La célula Huapi empleó esta tecnología para atacar el correo electrónico de una firma taiwanesa.
- El grupo Teleboyi la usó para recopilar más de 1.000 direcciones IP y mapear los dominios de su objetivo.
Aunque la mayoría de estas acciones delictivas se apoyan en tecnología china, en ocasiones los hackers recurren a herramientas de Estados Unidos. La firma de ciberseguridad CyCraft documentó cómo una empresa de software de hackeo consultó a ChatGPT para descifrar la base de datos de la aplicación Signal de un empleado durante un ataque a un centro de análisis.
Asimismo, el grupo Slime22 utilizó Claude Code para moverse lateralmente dentro de una tecnológica taiwanesa, tras vulnerar sus defensas haciéndose pasar por un ingeniero de seguridad. Si bien los ataques totalmente autónomos todavía se encuentran en fase experimental, la IA, por ahora, se posiciona como un poderoso asistente en el arsenal de los ciberdelincuentes.