La comunidad matemática y tecnológica está en vilo tras una seria acusación contra OpenAI. Un matemático de la Universidad de Nueva York, Tristan Buckmaster, ha levantado la voz, sugiriendo que la inteligencia artificial de la compañía podría haber utilizado sus borradores, procesados previamente por Codex (un modelo de IA de OpenAI), para avanzar en la resolución de las complejas ecuaciones de Navier-Stokes. Este problema, que ha desafiado a generaciones de científicos durante casi 90 años, es uno de los siete Problemas del Milenio del Clay Mathematics Institute, con un premio de un millón de dólares para quien logre resolverlo.
El enigma de Navier-Stokes y las singularidades
Las ecuaciones de Navier-Stokes son fundamentales para describir el movimiento de los fluidos, desde el agua hasta el aire. Son la base de campos tan variados como la meteorología o la aeronáutica. La gran incógnita no reside en su funcionalidad práctica, que está más que demostrada, sino en sus límites. Específicamente, se busca entender si un fluido, bajo condiciones normales, puede evolucionar hasta un punto de “singularidad”, donde las soluciones matemáticas dejan de ser regulares y ciertas magnitudes crecen sin control. En términos más sencillos, se trata de determinar si las ecuaciones mismas pueden “romperse” bajo ciertas circunstancias.
La irrupción de OpenAI y la polémica
OpenAI afirma haber encontrado una demostración de este comportamiento, utilizando un modelo interno que, según ellos, es incluso más potente que GPT-6 Astra. Para lograrlo, desplegaron alrededor de 10.000 agentes de IA trabajando de forma simultánea durante 88 horas, y dedicaron 17 horas adicionales a formalizar y verificar los resultados. Lo crucial en esta historia es que OpenAI reconoce haber iniciado este ambicioso experimento el 1 de septiembre, motivados por rumores de avances significativos por parte de otros investigadores.
Estos investigadores eran precisamente Tristan Buckmaster y Levent Alpöge, este último empleado de Anthropic, que colaboraba en el proyecto a título personal. Ambos llevaban aproximadamente un año desarrollando una línea de investigación iniciada por Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa, utilizando diversos modelos de IA, incluido Codex de OpenAI.
¿Acceso indebido a datos?
Aquí es donde la controversia se intensifica. Buckmaster ha manifestado que todos sus borradores pasaron por sesiones de Codex. Al preguntar a OpenAI si el modelo que logró el resultado pudo haber tenido acceso a estos datos o haber sido entrenado con ellos, recibió garantías de que el sistema no consultaba datos de usuarios. Sin embargo, no obtuvo una respuesta clara al insistir sobre el entrenamiento del modelo. OpenAI, por su parte, niega que sus investigadores o agentes hayan visto el trabajo de Buckmaster y Alpöge antes de su publicación, y aseguran que no accedieron a sus datos de forma específica. No obstante, reconocen que no pueden descartar por completo que datos desidentificados, provenientes del uso de sus productos, hayan contribuido a mejorar sus modelos previamente.
“No sé si nuestros datos fueron utilizados. No estoy acusando a nadie de nada”, afirmó Buckmaster, aunque su objetivo es dejar constancia pública de la cronología de los hechos.
La polémica también abarca el reconocimiento de trabajos anteriores. La primera versión del documento de OpenAI no incluía referencias fundamentales a la investigación de Córdoba y Martínez-Zoroa, cuya línea abrió el camino para resolver el problema. Estas citas fueron incorporadas posteriormente en una versión revisada del artículo.
El mérito de la investigación en la era de la IA
Diego Córdoba, investigador del ICMAT, ha defendido en una entrevista que la verdadera aportación intelectual reside en el método que desarrolló con Luis Martínez-Zoroa en 2023. “Si nuestro trabajo no hubiera existido, la IA no habría resuelto el problema”, asegura. Este caso plantea una cuestión fundamental para el futuro de la ciencia: si una IA puede tomar una idea de un científico y completar en horas un trabajo que llevaría años, ¿cómo se reconocerá el mérito de la investigación en la era de la inteligencia artificial?
Aunque OpenAI considera el problema resuelto y ha publicado su demostración, el Clay Mathematics Institute exige la publicación, al menos dos años de escrutinio y la aceptación general de la comunidad matemática antes de reconocer oficialmente una solución. OpenAI ha declarado que no reclamará el millón de dólares del premio.