La carrera por la inteligencia artificial (IA) está en pleno auge, transformando industrias y prometiendo un futuro más eficiente. Sin embargo, este avance tecnológico tiene un lado oscuro que no podemos ignorar: un impacto ambiental creciente. Un reciente informe de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y la World Benchmarking Alliance (WBA) revela que los gigantes tecnológicos como Amazon, Microsoft, Google y Meta están viendo cómo sus emisiones operativas se disparan, con aumentos de hasta el 139% desde 2020.
La IA: ¿solución o problema ambiental?
La IA se presenta como una herramienta poderosa para combatir el cambio climático, optimizando el consumo energético, mejorando la gestión de infraestructuras y prediciendo la generación de energías renovables. Pero, como una moneda, tiene dos caras. El desarrollo y la implementación de estos sistemas requieren una cantidad ingente de electricidad, centros de datos y capacidad de computación, lo que se traduce directamente en un aumento de la huella de carbono.
El informe Greening Digital Companies: Monitoring Emissions and Climate Commitments 2026 es claro: las emisiones operativas de estas grandes compañías tecnológicas han experimentado un crecimiento alarmante. Si tomamos 2020 como referencia (índice 100), en 2024 Microsoft alcanzó un 239, Amazon un 221, Meta un 219 y Alphabet (Google) un 192. Esto significa que Microsoft, por ejemplo, incrementó sus emisiones un 139% en solo cuatro años. Este aumento está intrínsecamente ligado a la creciente demanda energética y la expansión de infraestructuras para la nube y la IA.
Es interesante contrastar estos datos con el sector de las telecomunicaciones, donde 14 grandes operadores lograron reducir sus emisiones un 11% en el mismo periodo. Esto nos hace reflexionar sobre la magnitud del desafío que la IA plantea en términos de sostenibilidad.
Un consumo eléctrico que asusta
El impacto no se limita a las emisiones directas. El consumo eléctrico del sector digital es colosal. Las 163 compañías que compartieron sus datos energéticos consumieron 494 TWh de electricidad en 2024, lo que representa aproximadamente el 1,7% del consumo eléctrico mundial. Para ponerlo en perspectiva, diez de estas empresas acaparan el 54% de ese consumo total, utilizando 269 TWh, una cifra superior al consumo anual de electricidad de algunos países enteros.
- China Mobile: 63 TWh
- Alphabet (Google): 32 TWh
- Samsung: 32 TWh
- Microsoft: 30 TWh
Aunque el sector digital es uno de los mayores compradores de energía renovable, este esfuerzo no es suficiente para cubrir su demanda. Solo 25 de las 200 empresas analizadas declararon abastecerse al 100% de fuentes de energía renovable. ¿Es esto sostenible a largo plazo?
La huella oculta: emisiones de alcance 3
El problema es aún más complejo si consideramos las emisiones de alcance 3, aquellas que provienen de la cadena de suministro, la fabricación y el uso de productos. Solo el 47% de las empresas informa sobre estas emisiones, pero cuando lo hacen, representan un asombroso 76% de su huella de carbono total. Esto subraya la necesidad de una acción integral que vaya más allá de las operaciones directas de las empresas, involucrando a toda la cadena de valor.
Reducir el impacto climático de las empresas digitales no solo implica hacer más eficientes sus oficinas o centros de datos, sino actuar sobre todo aquello que necesitan para fabricar y vender sus productos y servicios.
La electrónica, por ejemplo, es responsable del 53% de las emisiones declaradas en los subsectores analizados (telecomunicaciones, servicios de TI y electrónica). Esto nos lleva a la conclusión de que la colaboración entre empresas y proveedores es fundamental para avanzar hacia un futuro más verde.
Del compromiso a la acción real
A pesar de estos desafíos, hay un lado positivo: el 76% de las empresas digitales tienen objetivos de reducción de emisiones a corto plazo. Sin embargo, la brecha entre el compromiso y la ejecución es significativa. Solo el 41% de estas empresas cuenta con un plan de transición climática completo y definido para alcanzar sus metas. Esto significa que menos de la mitad sabe realmente cómo va a lograr sus objetivos, qué indicadores utilizará o quién será el responsable.
Para cerrar esta brecha, la UIT propone cuatro prioridades clave:
- Reforzar la información sobre emisiones, especialmente las de alcance 3.
- Mejorar la implementación de los planes de transición climática.
- Asegurar que la expansión de la IA y la infraestructura digital avance al mismo ritmo que el desarrollo de energías limpias.
- Fomentar una mayor colaboración entre empresas y proveedores para reducir las emisiones en toda la cadena de valor.
La inteligencia artificial tiene el potencial de ser una fuerza para el bien, pero no podemos permitir que su desarrollo se realice a expensas de nuestro planeta. Es hora de que la ambición tecnológica vaya de la mano con una responsabilidad ambiental real y tangible.